Calles, lámparas y banquetas: El Marqués mete más de 17 millones a cuatro comunidades
• Rodrigo Monsalvo entregó obras de urbanización, alumbrado y rehabilitación escolar en El Pozo, San José Navajas, San Vicente Ferrer y Atongo.
En El Marqués anduvieron de estreno comunitario. El alcalde Rodrigo Monsalvo Castelán recorrió cuatro comunidades para entregar obras de mejoramiento urbano que incluyeron desde lámparas LED hasta calles empedradas y rehabilitación escolar. Todo el paquete costó más de 17 millones y medio de pesos.
La gira pasó por El Pozo, San José Navajas, San Vicente Ferrer y Atongo, donde las obras buscaron mejorar servicios básicos, movilidad y seguridad para casi cinco mil habitantes.
En El Pozo, el asunto fue prenderle la luz al acceso de la comunidad. Ahí se invirtieron más de dos millones de pesos para ampliar el alumbrado público con postes, torres metálicas, transformadores y 40 luminarias LED. También instalaron casi un kilómetro de cableado. La obra beneficiará a mil 335 personas.
Después vino San José Navajas, donde la calle Turín recibió cirugía completa: banquetas, empedrado ahogado en mortero, concreto estampado tipo cantera y nuevas líneas de agua potable y drenaje. La inversión fue superior a los tres millones 485 mil pesos y alcanzará a dos mil 633 habitantes.
En San Vicente Ferrer el presupuesto pesado cayó sobre las calles Agustín de Iturbide, Juan Escutia y Francisco Villa. Ahí se construyeron guarniciones, banquetas y pavimentación con empedrado y concreto estampado. La obra se llevó casi 10 millones de pesos y beneficiará a 240 ciudadanos.
La última parada fue la primaria Miguel Hidalgo y Costilla, en Atongo, donde rehabilitaron la barda perimetral, colocaron una nueva puerta de acceso y construyeron rampas para personas con discapacidad. También se intervino el espacio de usos múltiples. La inversión fue de más de un millón 800 mil pesos y beneficiará a 573 estudiantes.
Desde el municipio señalaron que estas obras forman parte de la estrategia para fortalecer la infraestructura de las comunidades y generar espacios más funcionales y seguros.
Porque sí, en tiempos donde todos prometen “transformar”, en los pueblos la transformación suele medirse más fácil: si ya hay luz, banquetas y calles transitables, la gente lo nota rápido.















