Mil 200 marquesinos cierran talleres… y Rodrigo Monsalvo les recuerda: “la familia es primero”
En El Marqués cerraron los Talleres de Terapia Ocupacional 2025 y aquello parecía más una fiesta comunitaria que una clausura formal. Mil 200 personas llegaron a la explanada del Centro Municipal de Jesús María para mostrar lo aprendido después de diez semanas de actividades gratuitas organizadas por el Centro Vive. Repostería, maquillaje, piñatas, panadería, cocina, hasta bolsas de toquilla: el catálogo de oficios parecía mercado en domingo.
En el evento quedó claro un punto: la salud mental ya no es un tema lejano. Se dijo con todas sus letras que los trastornos emocionales se han convertido en riesgos crecientes y que atenderlos desde la prevención es necesario. Y ahí es donde estos talleres han servido como tabla de apoyo: un espacio para aprender, distraerse, convivir y, de paso, ganarse unos pesos desde casa.
Rodrigo Monsalvo tomó el micrófono con un mensaje que fue directo a lo que la gente quería escuchar. Habló de tener la mente ocupada, de los amigos que se hacen en el camino y del alivio que significa despejarse del estrés diario: tráfico, pendientes, problemas comunes. Recordó que su prioridad es la familia y remató con un “no están solos”, que los asistentes recibieron con atención.
Las actividades, coordinadas por Rafael Jiménez López, director del Centro Vive, se impartieron del 8 de septiembre al 14 de noviembre en comunidades y fraccionamientos. Treinta grupos se armaron para aprender de todo: globos, maquillaje, cocina mexicana, piñatas, pan, diseño de rostro, bolsas de toquilla. Los promotores preventivos llevaron el curso hasta donde la gente lo necesitaba.
La intención central —según explicaron— fue reforzar el tejido social sin discursos complicados: trabajar con las manos, aprender algo útil, convivir y tener un espacio seguro para combatir el estrés, la ansiedad o la tristeza. La terapia ocupacional no es una fórmula mágica, pero sí ayuda a que las personas retomen ritmo, habilidades y confianza.
La clausura terminó con una exposición donde las y los participantes presumieron lo que aprendieron. Entre panes, decoraciones y maquillaje, quedó claro que más que talleres, fueron una pausa necesaria en la rutina. Y para la autoridad municipal, una forma de reafirmar que la prevención se hace trabajando cerca de las familias.

















