Tres siglos después, el Acueducto sigue dando de qué hablar
• El Marqués y Querétaro se juntaron para recordar el arranque de una de las obras más emblemáticas del estado con la presentación de un libro sobre sus orígenes.
Hay historias que en Querétaro se cuentan solas. Basta con mirar hacia arriba y encontrarse con los arcos del Acueducto para recordar que detrás de esa postal hay siglos de trabajo, agua y desarrollo. Por eso, a 300 años del inicio de su construcción, los municipios de El Marqués y Querétaro se dieron cita para celebrar la fecha con la presentación del libro “Los sistemas hidráulicos La Cañada-Querétaro (1531-1738) y el Acueducto”.
El encuentro reunió a los alcaldes Rodrigo Monsalvo Castelán y Felipe Fernando Macías Olvera, quienes encabezaron la actividad dedicada a revisar los antecedentes de una obra que sigue siendo carta de presentación de la entidad.
El texto, escrito por el historiador y cronista Cutberto Lauro Jiménez Jiménez, se adentra en los sistemas hidráulicos que existieron antes de que los famosos arcos comenzaran a levantarse en 1726. Una mirada al pasado que permite entender cómo se organizó el abastecimiento de agua en la región y cómo esta infraestructura transformó la vida de la entonces ciudad de Querétaro.
Durante el evento, Rodrigo Monsalvo puso el reflector sobre La Cañada y la Alberca del Capulín, sitio desde donde partía el agua que llegaba a Querétaro. Recordó que desde ese punto comenzó una historia que terminó por convertir al Acueducto en uno de los símbolos más reconocidos del estado.
Felifer Macías coincidió en la relevancia de esta obra hidráulica y destacó su papel como emblema de identidad queretana. Además, señaló que durante generaciones permitió abastecer de agua a la ciudad gracias al sistema que iniciaba precisamente en territorio marquesino.
La jornada también incluyó una mesa de análisis con especialistas que comentaron el contenido de la obra y reflexionaron sobre la importancia histórica de los sistemas hidráulicos en el desarrollo regional.
Por si fuera poco, los asistentes pudieron disfrutar de una representación escénica inspirada en la construcción del Acueducto, narrada desde la perspectiva de Juan Antonio de Urrutia y Arana.
Tres siglos después, los arcos siguen ahí. Y ahora también tienen un libro más para contar su historia.
















