El invierno, el cuerpo y la prevención: una alerta silenciosa
Cada invierno trae consigo una rutina que parece inevitable: el frío se instala, los vientos recorren calles y comunidades, y los cuerpos comienzan a resentirlo. En Querétaro, la Secretaría de Salud observa este ciclo con atención y recuerda que las infecciones respiratorias agudas son, año con año, las protagonistas discretas de la temporada.
Las cifras hablan de un fenómeno constante. Durante 2025, más de 432 mil personas acudieron a instituciones públicas de salud por infecciones respiratorias agudas. No es una cifra extraordinaria, señalan las autoridades, sino parte del comportamiento esperado. Aun así, detrás de cada número hay un episodio de tos persistente, fiebre, malestar y días detenidos por la enfermedad.
El grupo más afectado fue el de 25 a 44 años, una población que suele seguir con sus actividades cotidianas aun cuando el cuerpo empieza a dar señales de cansancio. En municipios como Arroyo Seco, San Joaquín y Peñamiller, la incidencia fue mayor, recordando que el impacto del clima no es uniforme y que el contexto también influye.
Las infecciones respiratorias se mueven con facilidad. Viajan en pequeñas gotas invisibles que se expulsan al hablar o estornudar y se quedan en superficies que tocamos a diario. Generalmente duran menos de dos semanas, pero pueden avanzar hacia los pulmones y volverse más serias, sobre todo en niñas y niños pequeños y en personas adultas mayores.
Frente a este escenario, la Secretaría de Salud refuerza una idea sencilla: prevenir sigue siendo el acto más efectivo. Abrigarse, evitar cambios bruscos de temperatura, beber líquidos calientes y cuidar la alimentación son gestos cotidianos que sostienen al cuerpo en invierno. Ventilar los espacios, lavarse las manos y evitar el humo ayudan a cortar la cadena de contagio.
Cuando los síntomas aparecen, el llamado es a detenerse y atenderse. No automedicarse, acudir a una unidad de salud, usar cubreboca y reducir el contacto con otras personas se vuelven actos de responsabilidad colectiva. También lo es cubrirse al toser, evitar saludos físicos y cuidar los utensilios personales.
En esta temporada, la prevención no es una medida extraordinaria ni una alerta estridente. Es un recordatorio constante de que el cuidado de la salud empieza en lo cotidiano, en decisiones pequeñas que, sumadas, protegen a comunidades enteras del avance silencioso de la enfermedad.

















